La mayoría nos la pasamos en un día a día, buscamos hacer lo mismo cada día: nuestra rutina. Nos levantamos, nos bañamos, nos vestimos, comemos, nos transportamos a nuestra actividad, hacemos lo que nos toca hacer, pausamos para comer una vez más, seguimos en la actividad hasta concluir el horario, nos vamos a casa, nos bañamos, comemos y a dormir, algunos se van a tomar algo después de trabajar, algunos hacen ejercicio, algunos comparten con sus hijos o pareja, pero todo dentro de un mismo programa diario, y los fines de semana tal vez se hace algo diferente, pero casi siempre es una de las habituales 4 opciones: una celebración (bodas, cumpleaños), balneario, compras o visita familiar y si se es soltero agrega la salida nocturna.
Nos la pasamos embobados entre lo que queremos conseguir, ya sea algo material para adquirir o relacionado a sexo, nos dominan emociones que llegan como reacción al momento o pensamientos recurrentes que a veces no tienen que ver con el lugar o el momento que estamos. La pregunta es ¿cuánto tiempo estamos conscientes de verdad?
¿Cuántas veces nos detenemos a respirar, ver donde estamos, ver que pasa a nuestro alrededor, contemplar lo que la vida nos presenta, ver la belleza de tu pareja o de la sonrisa del niño que limpia el vidrio de tu carro? Rara vez, andamos a 18mil revoluciones por minuto, como un fórmula uno por la vida, la mayoría tratando de tener dinero y status, algunos para ser reconocidos, aceptados, otros respetados y algunos hasta temidos. Mandamos a segundo plano todo y nos volvemos esclavos de una lucha sin fin por sobrevivir y obtener todo eso que se supone que da la felicidad, pero que en el fondo nos hace sentir tan vacíos una vez lo conseguimos... Y nuestros hijos son unos desconocidos, nuestra pareja está ahí por la costumbre y nuestros sueños quedaron en el baúl de los regueros mentales y ni siquiera sabemos quiénes somos, hemos sacrificado tanto que creemos que somos el reloj que tenemos puesto, el fino traje o el carro de lujo que conducimos... pero esas son cosas, objetos inanimados, hechos por un ser humano, como tú, como yo. No somos esas cosas, somos lo que se piensa y siente y decide ser.
Debemos redefinir que es lo verdaderamente importante, nuestro valores, que es lo que vale que le invirtamos nuestro tiempo de vida, nuestros pensamientos, emociones y esfuerzo. Hay que revisitar nuestra juventud interna, ver nuestros sueños, ver nuestros anhelos y darle vida a la vida, amor a los seres amados y ponerle una sonrisa al rostro, aún ante el jefe/cliente difícil, y saludarle con aprecio, a él/ella y a todos, tratar de canalizarle a todos esa actitud positiva! y cada día ponernos un nuevo proyecto.
Bueno, la vida es extraordinaria, si así lo decidimos, si tomamos el control, ahora, en este momento, levántate y deja de ver esta computadora y mira de qué forma sales de tu prisión personal y haces mejor tu vida y el mundo!
english version
english version